EL TREN DE LAS 17.30
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EL TREN DE LAS 17:30 Eras un tipo fácil de llevar, siempre con un asentir constante, tu alegre y positiva manera de vivir,. Esos gustos que te regalabas, una copa de buen vino tinto, mientras cocinabas el mejor asado. Los recuerdos se apoderaban de mi mente justo cuando el tren anunciaba su partida, aferraba tus manos con una fuerza incontenible, tratando de retenerte un poco mas. Estábamos los dos parados en el andén de la estación, vos nervioso mirabas el gran reloj como movía sus agujas, como si jugaran a una carrera sin fin. Revisabas si llevabas lo necesario en tu bolso que te cruzaba la espalda, mientras cerrabas el cierre me miraste con una tristeza inexplicable. Sabias que la despedida estaba cerca y no escuchabas mis súplicas, cuando en acto de amor te pedía que te quedaras a mi lado, que yo necesitaba tu presencia en forma constante. Diste vuelta la cabeza, evitabas mirarme , la multitud colmaba la estación, y tu mirada perdida, fija en las vías desiertas, ignorando que pensamiento inundaba tu mente. No te soltaba las manos, te aferraba con una fuerza descontrolada intentando retenerte. El tren hacia oír su silbato sonoro, y por altavoz anunciaban la partida, era la hora para que los pasajeros abordaran los vagones desiertos. Mire nuevamente el reloj de la estación eran las 17:15 y el tren partiría a las 17:30, aun nos quedaban 15 minutos. Me aseguré que esté bien abrochada la campera de abrigo , el frío azotaba en ese día nublado y desapacible. No quedaba más tiempo, tenía que soltar tus manos, te besé y trepaste justo el último vagón. Me dejaste parada, inmóvil, vacía presa de una soledad indeseada, te mire partir, me regalabas una sonrisa mientras elevabas tu mano diciéndome adiós. Un sabor amargo me inundó la boca, levanté mi mano y te saludé en una desgarradora despedida. No fue ni una ilusión, ni un sueño, ni un fantasma, era la cruel realidad que me sacudía con fuerza, la curva te ocultó ante mis ojos, di vuelta la cabeza, mis lagrimas no me dejaban ver el camino de regreso. La estación quedo desolada, el frío congelaba la humedad de mi rostro y yo intentaba un confuso consuelo. Nos volveremos a ver, y aunque pasen los años yo te reconoceré entre miles, y diré orgullosa, ese que viene a mi con un aura brillante, ¡ ese es mi papá.!. RITA GONZALEZ