tercer Milenio en la Cultura

Ensayos

Por los intrincados caminos de la cultura

por Hilda Capitano

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A modo de Introducción
¿Qué necesidad primordial se podría señalar como factor motor de evolución de un ser simiesco, desprotegido, que debió unirse a otros congéneres para poder sobrevivir, al que luego de incontables miles de años se lo conocerá pomposamente con la denominación científica de Homo-Sapiens?
Se podría plantear como hipótesis que la necesidad de comunicarse fue ese factor de evolución que permitió al ser humano alcanzar su actual situación.
Se debe tener en cuenta que la facilidad del intercambio de ideas en las formas más variadas de medios de expresión humanos como la viva voz o a través de medios técnicos que la difunden, nos han hecho perder un poco la visión sobre sus huellas ancestrales, y cuál fue el verdadero significado de la comunicación. Frente al que es llamado siglo ‘de las comunicaciones’, veremos desarrollar este intrincado camino que dio como resultado las distintas y particulares formas de cultura de los pueblos.

Tema I
UNO... Y LOS OTROS
Los peligros y el instinto de conservación llevaron a esa criatura primate a convertirse en un ser gregario. Su naturaleza de lento desarrollo le obligó a permanecer al amparo de la horda durante una niñez débil y dependiente. Esta situación creó lazos de unión de acción frente a enemigos de mayores dimensiones y peligrosidad. La imperiosa necesidad de alimentarse lo llevó a crear armas arrojadizas de una simpleza tal, pero que necesitó de un primer paso de inteligencia para lograrlo. Desde un par de golpes de una piedra contra otra hasta obtener una punta que hiriese quizás pasaron siglos.
También los gruñidos, los mordiscos, los empujones y los zarpazos, con su significado particular, fueron adquiriendo formas definidas en su garganta, para dar paso a esas pequeñas burbujas-ideas que se iban gestando en la oscuridad de su psiquis. Cada sonido fue adquiriendo un significado, y la unión de ellos dio como resultado una acción.
Mas, fuera de su cueva o de su abrigo temporario lo esperaba una Naturaleza hostil, cuyas fuerzas eran indomables. Unas hacían temblar la tierra y vomitaban desde sus entrañas ríos de lava y de piedras. O las que provenían del cielo, repleto de nubes oscuras donde se emitían unos rugidos escalofriantes, acompañados de chispeantes destellos cuyos rayos quemaban o desgajaban inmensos árboles. Todo esto era seguido por masas de agua diluvial que, en su caída, anegaban la región donde residía con peligrosas inundaciones, convirtiendo a los senderos abiertos en la misma tierra en ríos embravecidos de enloquecedora fuerza.
Todo era tan tremendo y se sentía doblegado, lleno de temor ante su propia impotencia. La Naturaleza era una serie de diferentes seres poderosos, desconocidos, de fuerza infinita, con los que debía ponerse en contacto, comunicarse con ‘los otros’ por medio de tributos o de víctimas propiciatorias para calmarlos en su furia. Estos ritos acompañados de gruñidos, ya palabras, por tener contenido y significado, dieron forma a sus primeras creencias religiosas.
A medida que su mente y su psiquis se iban abriendo trabajosamente camino hacia la luz de la inteligencia, creía poder representar sus deseos de buena caza y que ellos se cumplieran por medio de dibujos. Sus dos miembros superiores con manos compuestas de cinco garras con uñas angulares y, como los otros grandes primates, con un fuerte pulgar prensor, le permitió aprehender todo tipo de objeto. Con algunos de ellos pudo trazar sobre paredes rocosas aquellas acciones que respondían a esos deseos primeros. Ellos cazando, animales muertos; escenas casi con movimiento, pintadas con colores de significado imposible de interpretar por nosotros.
Nadie como él, frente a esa Naturaleza belicosa, encontró apoyo en la Magia, esa misteriosa fuerza que residía en él mismo, pero cuyo secreto fue conservado y practicado por los más inteligentes y capaces. Los mensajes cifrados de los que dependía el efecto de la Magia sólo lo emitían aquéllos que tenían poder sobre la horda. Con esta figura de dominio sobre el miedo de los otros, la horda se convirtió poco a poco en una comunidad más organizada, aún en su constante peregrinaje en busca de mejores lugares donde residir.

Tema II
POR HUELLAS, SENDEROS Y CALZADAS
El tiempo fue transcurriendo y ellos multiplicándose, formando grupos que se fueron diferenciando entre sí. Debido a las características de los lugares a que se veían obligados a emigrar en busca de mejor caza, pesca o recolección, Las circunstancias llevaron al humanoide a transitar por lugares peligrosos, desconocidos, para encontrar medios de vida más adecuados, haciendo de él un caminante infatigable.
Cargando con sus hijos, recorrió territorios sin nombre, que sólo denominaría más tarde, y para diferenciarlos moduló con dificultad aquellos gritos guturales. Nuevos sonidos fonéticos se fueron creando, marcando características en su particular cultura incipiente. A cada descubrimiento o necesidad que iban incorporando a su vida, fue dándole a estos hombres primates una amplitud de expresiones habladas. La combinación de sonidos y dibujos irían dando forma, miles de años más adelante a una especie de lenguaje escrito, siendo primero los ideogramas, para ir evolucionando en formas más abstractas. Es que en una constante evolución, su cuerpo, su mente, su psiquis, su inteligencia fueron alumbrando todo lo que lo rodeaba y dándole nombre. De Africa a Europa, de ella al Asia y luego a América, sus huellas dejaron sus marcas por cientos de centurias.
América, aún cuando no había entrado a la Historia de la mano de los conquistadores europeos, ya existía desde hacía miles de años, sin necesidad de parámetros científicos que le dieran nombres, marcaran límites e hirieran sus tierras con carruajes y herraduras.
Los restos arqueológicos hallados en la zona costera andina hablan de siete mil años de antigüedad. Los grandes depósitos de conchas marinas, nos muestran una alimentación primaria obtenida por la pesca. Luego, poco a poco la caza y la pesca fue apoyada por una agricultura incipiente, que requirieron el sedentarismo, puesto de manifiesto en las aldeas que, junto con tumbas subterráneas, hablan de una evolución cultural muy importante. Unos 3000 años antes de la era cristiana aparece el cultivo del algodón y mil años después el maíz de gran importancia para su subsistencia. A medida que fueron pasando los siglos, la población de América del Sur se fue extendiendo como veremos, a lo largo de la costa del Pacífico.
¿Pero alcanzaron a vislumbrar la inmensidad del territorio que ellos habitaban? Los nativos de las diferentes regiones carecieron del concepto de “continente”, en el verdadero sentido que le darían los geógrafos europeos. No han encontrado los lingüistas un término que dimensione ese significado de totalidad territorial. En todos los casos, los nombres dados a sus tierras eran propios de cada etnia, aún los que llevaban una vida nómade y se desplazaban en todas direcciones en busca de mejorar su subsistencia. Tampoco la tuvieron los que se habían hecho sedentarios construyendo ciudades, pueblos o simples aldeas.
Pero en todos ellos surgió la necesidad de comunicarse entre sí, ya fuera por razones comerciales, políticas o de conquista. Durante siglos todas las tribus de América para atravesar estas inmensas distancias, en cualquier estadio cultural que se hallasen en su evolución, crearon sus propios senderos terrestres y utilizaron las vías navegables de acuerdo a sus necesidades, y que les dieron rápida movilidad. Selvas, montañas, valles o torrentes no fueron obstáculos, y los atravesaron por extendidas calzadas o caminos. No se sabe que hayan utilizado la rueda como medio de desplazamiento, sino que llevaban como animal de carga a la llama. Debido a migraciones sucesivas provenientes del Istmo de Panamá o bien por vía marítima, elementos de la cultura centroamericana, van a influir en todas las culturas andinas hasta llegar su presencia a Chile y a Argentina, especialmente en las construcciones piramidales y en las estelas.
Del tiempo de las culturas preincaicas se han podido precisar algunos caminos o calzadas. De la cultura de Chavín de Huantar, situada en la zona septentrional del Perú, en la vega del alto del río Marañón, a una altura de más de 3000 metros, se accedía por un camino principal, y que tuvo un intenso tráfico, dominando gran parte del territorio actual peruano, no siendo éste el único lugar donde se desarrolló esta cultura. Se puede ya apreciar dicha tendencia a la expresión en grandes piedras sobre cuya faz se trazaban diferentes figuras, como jaguares, sacerdotes, etc. No podemos dejar de mencionar la cultura Mochica y Nazca, de gran importancia en diferentes regiones del territorio andino, que también extendieron su influencia cultural a lo largo de sus años de dominio sobre otras tribus. Altas pirámides construidas de adobe muy grueso y muchas otras expresiones que hablan de su importancia. No dejaremos de mencionar la cultura de Tiahuanaco, en la meseta boliviana, que daría lugar a otros tantos comentarios.
Es por eso que la aparición de la cultura incaica, ceñirá en su puño todo este material cultural, de la que fue su heredera. Nada se sabe a ciencia cierta sobre el origen de esta cultura. Se estima que fueron guerreros de alta montaña que bajaron en son de conquista, en busca de mejores condiciones de vida. La tradición oral habla de que Manco Capac, fundador del Imperio, provenía de una isla y que enterado de la existencia de inmensos territorios en tierra firme decide ir a ocuparlos, fundando la ciudad de Cuzco (ombligo) y desde allí comenzó a irradiar su poder dominador.
Su política se basó en la comunicación. Sus principales aliados fueron los senderos o calzadas que habían construido los pueblos conquistados y que le permitió su rápido avance.
No obstante lo encontrado, los sucesivos Incas realizaron una tarea increíble en materia de caminos. Ante las serias dificultades que la región andina presentaba, impusieron su voluntad en vencer los obstáculos para poder unir las más lejanas regiones conquistadas. Se construyeron escaleras de piedra y atrevidos puentes colgantes, uno de ellos en uso hasta la época actual, sobre la cañada de Apurimac, en el camino a Cuzco. Los ríos eran controlados con diques de piedra, que evitaban que sus desbordes destruyeran las rutas.
También se cuidó que la comunicación a distancia por medio de mensajeros, los chasquis, se llevara a cabo con eficacia. A tramos bien establecidos, había casamatas donde éstos podían ser renovados en su rápida carrera para llevar noticias transmitidas por este singular medio. Otra forma usada era la utilización de señales de humo con sus particulares significados.
La red caminera creada por los del Imperio incaico era inmensa. Del Cuzco partían cuatro calzadas hacia las cuatro provincias que lo componían, ya que el comercio, la industria nativa, y los viajeros, contaban con paradas o tambos donde encontrar refugio, alimento y pertrechos necesarios para seguir viaje. A lo largo de las calzadas costeñas, altas tapias de adobe y una hilera de grandes árboles protegían al viajero de las tormentas de arena. Las arterias principales partían del Cuzco hacia Quito, mientras que otra costera de iba Nazca a Tumbes, y se empalmaban para dar lugar a que muchas otras calzadas secundarias se dirigieran a todos las aldeas y poblados del Imperio, que comprendía casi todo el territorio del Perú hacia el norte, hacia el sur hasta Chile, norte y centro de Argentina.
De lo expuesto, podemos decir que los indígenas sudamericanos poseyeron verdaderas redes camineras con un intenso tráfico, a través de los cuales la cultura de uno y otro pueblo se intercambiaba, a pesar de que cada una tenía bien definido su derecho de territoriedad, especialmente las de las altas culturas cordilleranas o de las mesetas bolivianas. Las diferentes familias lingüísticas, que se mantuvieron aún después de la invasión europea, y a la que pertenecían infinidad de lenguas tribales, hablan a las claras de la independencia de las etnias.
Desde las mismas orillas del río Maule, donde terminaba el territorio inca, hacia el sur partían otras sendas de intrincadas direcciones, siendo el lugar donde se emplazó el actual Santiago de Chile, una especie de nudo de distribución de dichos caminos.
Estas rutas estaban estratégicamente dispuestas y permitían a las diferentes tribus tener acceso a territorios lejanos que ayudaban a su constante intercambio comercial entre ellas. Trazadas todas con habilidad, en una especie de “ruta pan-indiana”, no quedaban desplazadas ninguna de ellas,.
Todo esto nos hace ver que desde los mares del Sur hasta la propia Cuzco, o hacia el este, atravesando la Cordillera, llegando hasta las mismas orillas del Paraná, ellos mantenían un contacto permanente entre sí, y que les permitía reunirse en consejos y realizar sucesivas alianzas.
La llegada de los invasores europeos fue rápidamente conocida aunque no pudieron detenerla ni evitar que los bárbaros medievales de rubicunda tez barbada destruyeran estas magníficas obras de un Imperio que había comenzado a desintegrarse por guerras intestinas.
Es que el uso de las comunicaciones entraba en una nueva etapa. Las rutas oceánicas dieron un sesgo más amplio y se internaron en el terreno de lo desconocido, de las tierras fabulosas de América.
Luego, surgirán otras rutas o formas de comunicación de características diferentes que serán temas para la continuación de estos ‘intrincados caminos de la cultura’.
(continuará)

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Jueves 21 de Septiembre de 2017

 

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