tercer Milenio en la Cultura

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El Ciempiés y el zapatero

por sonia montenegro de vernaschi

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Es el amanecer, las espesas copas de los árboles, de variadas especies, junto a los frondosos Arbustos, no dejan que pase, ni un rayo de luz, a los pies de éstos.
Allí, sobre la tierra húmeda y musgosa, lucen las amarillentas hojarascas, adornadas, por Erguidos y sombrerudos hongos, matizados de color marrón.
Cobijados, debajo de éstos, viven una familia de ciempiés, compuesto por: La mamá, el papá y sus cuatro hijos (los ciempiecitos).
Tres árboles mas adelante, se distingue un montículo de tierra removida, con forma de pelotitas.
¡Seguro es un hormiguero!...
“Si”, es un hormiguero. En él vive, una colonia de hormigas, muy especiales, de color negro intenso, muy brillante, de colas regordetas; y, ojos y patas mas grande, mas de lo normal.
Como en toda comunidad de hormigas “LA REINA” pone los huevos, pero... manda a todas las demás.
Ella, nunca hace nada, siempre se la ve, arreglada, con collar, aros colgantes, una flor en su cabeza, generalmente de color rosado, sujeta en una de sus antenas, pero andaba descalza, pues no tenía zapatos.
Siempre con su cabezota erguida, le daba aspecto de soberbia y superioridad...
¡Ni que hablar cuando, se encontraba en su trono Real!
Sus compañeras, (como no tenían mucho tiempo, además siempre vigiladas no lucen tan Pomposas) pues tienen que preparar el alimento, con las hojas que recogen, muelen y depositan, en un mismo lugar, después de haber recorrido, con su carga, un túnel, largo y resbaladizo, son previsoras, ya llega el invierno y la comida ¡no debe faltar!
En el hueco del tronco, de un añoso roble, un viejo, pero habilidoso Escarabajo vive solitario. Su oficio “Zapatero”.
Nunca los hace iguales, no el par, sino cada zapatito.
La hormiga Reina le había encargado para “sus delicados y perfectos pies, tres pares, pues tiene seis patas.
Don Escarabajo, debía poner el mayor empeño. Es que conocía, del carácter irritable de dicha señora.
El sol sigue andando (ya es medio día) y trata con mucho esfuerzo, que algún rayo pueda filtrarse entre la floresta, para poder darles un poquito de luz y calor, a unas florcitas silvestres, que al no recibir luz del día, estaban descoloridas.
Don Escarabajo, usaba unos anteojos, con mucho aumento (a su edad, no veía muy bien, o mejor dicho casi nada).
Aquel rayo que tanto esperaban las mustias florcitas, “llegó”. En medio de tanta penumbra el diminuto haz de luz, encegueció a todos los habitantes del bosque, ni que decir, el susto que se llevó Don Escarabajo ¡no lo podía creer! ¡justo en el momento que cosía el zapatito de La Reina, dándole unas cuantas puntadas de mas. Por supuesto, que éste quedaría mas chico.
Atemorizado repetía... ¡Dios, por favor, haz que no se de cuenta!...
Una vez terminados, los acomoda muy prolijamente, y se los lleva hasta el hormiguero, de ahora en mas, solo era cuestión de esperar.
Él rapidito, sin darse vuelta, se refugió en su tronco.
Ella, ansiosa, comenzó a probarse los zapatos.
La Reina comienza a calzar uno a uno con mucha suavidad, 1... 2... 3... 4... 5... ¡Oh! que pasa, que este maldito, no me entra ¿se me habrá agrandado un pie?... ¿O, será, que este incapaz e irrespetuoso, se ha creído, que tengo un pie mas chico que los demás?...
Logró calzarlo, pero le ajustaba tanto que no soportaba el dolor... Ese grito, se expandió por todo el bosque.
Don Escarabajo, aterrorizado, pega un salto, a la vez que piensa:
-Esa es la voz de La Reina. ¡Ya debe haber descubierto el error!
¡No me lo va a perdonar!...
Enojada como era su costumbre, rengueando, encaminó sus pasos hacia lo del zapatero.
En su trayecto, se encontró con Don Ciempiés, comentándole lo que había ocurrido, a la vez que le pedía “un gran favor”.

H- Señor Ciempiés, usted que es tan recto en su conducta, responsable y honesto...
¿Me acompañaría hasta lo de Don Escarabajo?
C- ¿Y, para que...?
H- Es que Don Escarabajo, cometió un grave error (para ella era algo intolerable) y desearía que usted, esté presente, cuando yo le reproche su incapacidad.
C- Pero, señora, ¡el es un buen zapatero!, puede haber pasado que en un descuido hubiera dado una puntada de mas. ¡Pero no se enfade de esa manera! Verá como él se lo solucionará.
H- ¡Hemmm...! usted no lo conoce. Es por eso que deseo que me acompañe, y sea testigo.
C- ¿A cambio, que me daría usted?
H- Ya lo ha de ver, a su debido tiempo. Le aseguro, que me lo agradecerá toda la vida y a ese Escarabajo incompetente, le servirá de escarmiento.
H- ¿Y? ¿Acepta?...
Simplemente por curiosidad, el ciempiés, la sigue.
Mientras iban caminando, ella siempre con su aire de prepotencia, aunque no soportaba el dolor, rengueando, no dejaba de menear su cola.
Don Escarabajo, que estaba espiando por un agujerito, vio que venía. Todo su cuerpo se estremeció, ni que decir, cuando percibió, que detrás se arrastraba el Ciempiés.
No podía parar de temblar, ni siquiera excusarse, pues ni las palabras podía pronunciar.
Quedó... ¡Mudo!...
E- See... ño... ra... Yo le voy a hacer... o... o... tro... zapa... ti... to, pero... ella no le dejó terminar la frase.
H- La única forma que perdonaré, esta ofensa, ¡pues esto ha sido un atropello! ¡hacerme creer, a “Mi”, que tengo un pies mas chico que los demás.
H- Escuche bien. El trato, será así: Aparte de hacerme mi zapatito, deberá confeccionarle, al señor Ciempiés, a su señora y sus cuatro hijos, el calzado. Ya llega el Invierno, y deben protegerse del mismo.
(Con eso, quedaría pago el favor de don Ciempiés)
E- ¡Oh!... Por favor, no me obligue a eso... Son doscientos pares, para él y su señora y cuatrocientos zapatitos para sus hijos!!!...
¡No podré hacerlos. ¡Mi vida se irá... y yo no habré terminado de hacer zapatos.
H- Eso, es cosa suya. Ya ¡a mover las manos!
El escarabajo, ya estaba cansado antes de empezar.
E- Señora ¿me permite una pregunta?
H- Esta bien. Pero rápido que no tengo mucho tiempo.
E-(Muy sumiso). ¿sería lo mismo que hiciera zuecos?
H- Haga usted lo que quiera, pero “¡Ya!”...
El escarabajo se pasó toda la noche juntando maderitas, para cumplir con lo prometido.
Se recostó, para descansar, pero el sueño lo venció.
Al día siguiente, se levantó muy tempranito. Despacio les fue dando forma pero... ¡eran muchos!
Sin quejarse, decía para si, ¡no resistiré! ¡no resistiré hacer tanto trabajo!
Otra vez la noche. Como era de suponer ¡Se quedó otra vez dormido!
Un Pájaro Carpintero, que desde lo alto de un cedro, había observado y oído todo, bajó hasta árbol en que vivía don Escarabajo, y cerciorándose que estuviera bien dormido, se puso a darle forma, con su hábil y filoso pico, a los seiscientos zuecos, o sea trescientos pares.
Los dejó acomodaditos, preparados para que él solo le pusiera la parte de arriba y los adornase, con el ingenio, que lo hacia siempre (flores, cascabeles, campanitas, trapitos...).
Al despertar, don Escarabajo, quedó perplejo, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.
E- ¿Yo estoy soñando?... ¡No, todo el trabajo está casi todo terminado!
-¿Existirán las Adas?
-Si, deben existir, de lo contrario no encuentro otra explicación... ¡Y que bondadosas!
P. Carp.- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!... Nunca va a enterarse que fui yo, además es muy tierno que crea que existen seres milagrosos, aunque sea en la imaginación.
Después de unos días, llegaba la Reina, con su risita burlona, (pensando que el «pobre» Escarabajo no habría terminado, ni la cuarta parte de su tarea) con su cabeza mas erguida que de costumbre, con el objeto de disminuirlo ante todos los animalitos del bosque, se encontró, que al contrario, había cumplido a la perfección su trabajo.
Tal rabia le dio, que cayó en el piso desvanecida.
A todo esto, doña Ciempiés, su esposo y sus cuatro Ciempiecitos lucían agradecidos los zuecos tan coloridos y bulliciosos.
Entre el ¡Tin! ¡Tin!... de los cascabeles y el ¡Toc! ¡Toc! del taco de los seiscientos zuecos, todos moviéndose al mismo momento, se transformó, en una hermosa fiesta.
La hormiga, con el ruido despertó, mas enojada que antes. Para ella, eso,... ese ruido ensordecedor. Sin mirar hacia atrás, se retiró rápido del lugar.
Don Escarabajo estaba re-contento pues el bullicio había traído la alegría que le faltaba al Bosque.
La arrogante Reina, ocupando su Trono, fue a cobijarse al hormiguero, con miles y Intelligent helmet for road safety miles de “hormigas obreras”, pero nadie se acercó, detestaban su compañía, no querían “su amistad”.
En tanto don Escarabajo, vivió feliz, junto al Ciempiés, que no le permitió trabajar mas, siendo sus hijos (los ciempiecitos) los encargados de brindarles todo lo que necesitaba.
Por su bondad y por haber formado el “grupo musical” mas grande y original, compuesto por cuatrocientos “instrumentos de percusión”, hechos por don Escarabajo, con mucho... con mucho... ¡AMOR!...
Rosario, 2008

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Martes 19 de Septiembre de 2017

 

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