tercer Milenio en la Cultura

Ensayos

Por los intrincados caminos de la Cultura (2a Parte)

por Hilda Capitano

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RASTRILLAS Y CAMINOS REALES

También los europeos buscaban nuevas vías de comunicación, pero no por tierra, cerrados los caminos por la presencia de los musulmanes, sino que lo hicieron a través de los Océanos. Portugueses y españoles se lanzan a la aventura, a lo desconocido. Colón, a fines del siglo XV había fracasado en su intento de llegar a las tierras fabulosas donde brotaba la canela y la pimienta. Sin saberlo, había descubierto un continente. Otros aprovecharán su hazaña de haberse topado con nuevas tierras. Creían que era una gran isla, pero ni desde tierra, ni desde el mar podían abarcarla totalmente y definir sus dimensiones aproximadas. No sabían que era todo un continente, y lo tomaron como un obstáculo entre España y las ansiadas tierras de las especies.
Desde un principio se buscaron pasos que les permitiera salvar este estorbo y llegar al país de las especies. Pero a medida que pasaba el tiempo fueron dándose cuenta que aquí también había tesoros que se podían obtener. Leyendas sobre reyes vestidos de oro y cerros de plata los movieron a intentar la conquista tanto por tierra como por las vías navegables que había más al sur.
En busca de tesoros se realizaron esfuerzos increíbles para determinar qué tipo de región era, porque si se internaban tierra adentro movidos, como todo conquistador, por el afán de aventura, de la ambición de riquezas y de poder, se topaban con cadenas de altas montañas, cubiertas de nieve, o torrentosos ríos imposibles de cruzar. La misma Naturaleza le imponía sus barreras. Desconocían el uso de sus frutos, y desde las profundidades de las selvas ojos oscuros y amenazantes seguían sigilosamente sus pasos. Sólo después de la visita de cartógrafos que acompañaron a los siguientes conquistadores tomó forma la tierra de Américo Vespuccio, uno de ellos que por la hechura de sus mapas consagró su nombre en la Historia.
Pero para toda conquista era necesario hacer asentamientos como puntos de apoyo. Fue Cuzco, capital del imperio Incaico, caída en manos de Pizarro, uno de los centros de expansión por tierra en la América del Sur. Otros lo hicieron desde el Océano Atlántico por la ancha boca del Río de Solís, su descubridor, que más tarde se lo llamaría ‘de la Plata’.
La expansión española por tierra hacia el sur estuvo posibilitada por la red caminera que los Incas habían implementado para el desarrollo de su Imperio, la que se extendía hasta Chile y todo el noroeste argentino, incluyendo la actual Santiago del Estero. Estas calzadas le dieron la posibilidad de desplazamiento que facilitó enormemente su tránsito sobre terreno seguro, direcciones definidas y distancias bien calculadas, sin menoscabar por ello el esfuerzo y el sacrificio que significó caminar desde el Cuzco hacia el sur.
Uno de los comisionados fue don Diego de Almagro, quien partió desde el Cuzco en 1535 siguiendo la costa por el camino trazado por los indios hacia la región llamada Chile. Era una ancha calzada, de largos bordes que entraba en la altiplanicie andina y en dirección al Lago Titicaca. Luego se desviaba para alcanzar la región de los indios Charcas, y llegaba al valle y quebrada de Humahuaca, en la puna jujeña. De allí, y cortando camino por Chicoana (más tarde Molinos), cruzaba la Cordillera de Los Andes y desembocaba en el mismo valle de Copiapó. Estos conquistadores, si bien no llegan mucho más allá de Coquimbo, en el país de los Chili, abrieron el camino a otros españoles provenientes del Perú.
Pero ya las tierras de los Chili habían sido sometidas a la otra corriente colonizadora al mando de don Pedro de Valdivia, su actual Gobernador. Es por tal causa que surge una situación de tirantez que termina por provocar un enfrentamiento armado entre ambos grupos de españoles.
Siguiendo caminos indios, los españoles que entraron al actual territorio argentino provenían de varias corrientes colonizadoras y fueron sembrando mojones, o sea pequeños destacamentos o aldeas que serán ciudades más tarde: Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Córdoba, y otros intentos poblacionales que no pasaron a la historia.
Pero, hasta allí llegaban las calzadas incaicas. Más hacia el sur, era territorio totalmente desconocido, sin senderos muy visibles. Todo era un mar de verdor que tenía fin en el mismo horizonte. Soledad, cielo límpido y ni una marca en la tierra que indicara que había sido pisada.
Es la corriente colonizadora que penetra por la desembocadura del río de Solís la que hará los primeros asentamientos en la margen izquierda del río Paraná, pero su duración será efímera y de Sancti Spiritu y Corpus Christi sólo quedaron sus nombres. Luego, la llegada de don Pedro de Mendoza y la fundación de un poblado en la desembocadura de un río, marca el inicio de una vida portuaria que se desarrollará después de la destrucción del fuerte y la empalizada que resguardaban la aldea.
Entre la llegada de Pedro de Mendoza y la de don Juan de Garay, hay un período de tiempo en que los animales traídos por los españoles que quedaron sueltos después que el fuerte fue destruido, se diseminaron por la pampa, y se reprodujeron de manera asombrosa. El ganado vacuno y el caballar encontraron en la abundancia de pastos y aguadas una fácil vida silvestre.
Pero son los caballos que los indios adoptaron para sí, pasando de guerreros pedestres a guerreros ecuestres. Con habilidad y paciencia lo doblegaron sin castigo. Lo aclimataron al suelo, a la sed, a salir airoso de los traicioneros guadales que tragaban hombres y caballos en poco tiempo. Se sirvieron de él para la pelea, para trasladarse a grandes distancias y realizar sus malones contra las poblaciones españolas. Llevaban arrastrando sus largas lanzas, con lo que fueron marcando en la tierra caminos que tomaron el nombre de rastrilladas.
La inmensa llanura pampeana guardaba engañosa homogeneidad, pero estaba plagada de esteros tapados por tupidas plantas, o de cuevas de pequeños animales que cedían al paso de los viajeros. Otras partes del terreno se convertían en verdaderas ciénagas por haber permanecido anegadas por mucho tiempo y dada constitución de sus componentes químicos. Es decir que el peligro de andar por esas tierras era eminente y se sirvieron de dichas rastrilladas ya que marcaban un sendero que no ofrecía peligro alguno de caer en un guadal traicionero
Sobre senderos que frecuentaban los chasquis indios y sobre las rastrilladas que se fueron multiplicando a medida que la actividad guerrera de los indios se fue incrementando, van a estar señaladas las huellas, nuevas y precarias vías de comunicación usadas por las carretas transportadoras del comercio hispanoamericano.
Las ruedas de los pesados vehículos que las utilizaban, ya fueran carretas o diligencias, hicieron dichas huellas cada vez más hondas y permanentes que sirvieron para comunicar las pequeñas aldeas que, a distancias muy grandes, iban moteando el paisaje de un país diferente, con su gente mestiza por estar ahora preñadas sus mujeres con sangre europea. Son sus hijos criollos los que conduciendo las carretas llevaron vida a los poblados distantes, uniendo con el paciente andar de los bueyes el puerto de Santa María del Buen Aire con el Alto Perú.
Estos transportes eran verdaderos medios de comunicación, no sólo desde el punto de vista comercial, sino también llevando personas, enseres, libros, correspondencia, cubriendo todas las necesidades que requerían la formación y educación de los pobladores más lejanos.
A medida que este intercambio tomó importancia, se fueron haciendo necesarios caminos más definidos, trazados para unir los más importantes poblados. Con buen criterio, se crearon los Caminos Reales, que se dirigían, uno siguiendo la costa del río Paraná hasta Asunción del Paraguay, otro hacia Chile y las ciudades de Cuyo, otro hacia el Alto Perú, con caminos transversales que llegaban a estancias y poblados que estaban fuera de las rutas oficiales El viejo camino de carretas que comunicaba Santa María de los Buenos Aires con Córdoba, Santiago del Estero y que llegaba hasta el mismo Alto Perú fue reforzado entonces por el Camino Real en forma más eficaz.
Así se fueron afianzando los intrincados caminos por donde transitaba la cultura hispana, llevando los gérmenes de la organización de gobierno, la imposición de su idioma, la expansión de las costumbres europeas adaptadas. por influencia de la presencia india y africana, a las diferentes regiones del inmenso territorio sudamericano.
La caída del poder real en España en manos francesas y la resolución de las colonias americanas de sacudirse el yugo español llevó a las regiones a la guerra de expulsión alentada desde Buenos Aires, que tenía el propósito de reemplazar el poder español por el suyo. Cuando esta política hizo su impacto sobre los intereses de los caudillos regionales, se desencadenaron guerras civiles entre ellos y contra las tropas porteñas. Vencidos aquéllos, nuevamente el poder de Buenos Aires dominó con mano dura a las provincias más díscolas y se entró en una aparente calma a partir de 1870.
Surgieron las siempre atentas presencias extranjeras que, poseedoras de un capital y la intención de obtener materia prima a bajo costo que beneficiara a sus países, se lanzaron a la creación de los ferrocarriles, y puertos de ultramar, que dieron al país una sensación de riqueza, la que finalmente se les escurría de las manos e iba a los bolsillos de los inversores extranjeros. En un país desvastado por las guerras civiles, no tuvo gobernantes que supieran acumular capitales para autofinanciar las empresas de la modernidad. Siempre mirando hacia lontananza, los gobiernos porteños sacrificaron al país todo en aras de sus ideas de centralización, porque prevalecía en ellos el espíritu de factoría (ver en números anteriores notas dedicadas a este tema) que había alentado a sus antecesores.
Por las modernas vías de hierro, el ferrocarril llevó la producción de la materia prima del país hacia las bodegas de los barcos europeos, dejando ganancias sólo a los estancieros y a los intermediarios que seguían viviendo como en el siglo XVIII, en una vida pastoril y romántica, mientras en el mundo ya rugían las máquinas de la Era Industrial, que se desencadenaba sin miras a detenerse.

Tema IV

NUEVAS E IMPENSADAS RUTAS

Con aquella memorable comunicación telegráfica que hiciera Sarmiento se inauguraba otra etapa en los caminos de la cultura de nuestro país. Esta etapa era proporcionada por medios intangibles, incomprensibles para muchos, y hasta misteriosos. Algo mágico se había apoderado del aire, se lo usaba como transporte y se trasladaba en poco tiempo a las palabras y con ellas las ideas, las noticias, las órdenes a distancias antes impensadas. Los posteriores avances técnicos en esta materia fueron enriqueciendo aún más a esta etapa, y tanto el cine, el teléfono, como la radio, y más tarde la televisión (esa combinación de imagen y sonido que invadió los hogares) fueron sumando su impronta en la cultura del país.
Todo el siglo XX fue una sucesión de emociones, sorpresas y, por qué no, una tremenda desilusión para aquellos idealistas que fundaron la felicidad de la humanidad en los avances científicos, que dos terribles guerras mundiales usarían para la destrucción masiva.
Pero mientras Europa se recuperaba de sus heridas, un nuevo coloso económico, Estados Unidos, ejercía su poderosa influencia. Al poco tiempo nuestro país entraba en un cono de sombras a partir de 1955, cuando se inicia, –con la aplicación de un plan económico cuya finalidad no era la que se enunciaba– un proceso de destrucción del país por las fuerzas del mal ocultas en proclamas patrioteras. La comunicación entre el gobierno defacto y el pueblo quedó casi anulada y aquél, de espaldas a la realidad del país, no hizo más que agudizar la situación social. La prensa escrita, radial y televisiva fue severamente controlada.
Mientras los genocidas del ’76 se creyeron libres de culpa y cargo por los crímenes cometidos, cuidándose las espaldas con leyes antinaturales, no contaron con los testimonios que todos los medios de la comunicación utilizarán para develar lo oculto a partir del retorno de la democracia en el ‘83. A los que se agregaría a posteriori una nueva y impredecible vía de comunicación que utiliza el espacio virtual. Había entrado en la escena mundial un aliado imprevisto: Internet, pero cuyos beneficios y peligros están aún en discusión.
El espacio virtual es el mejor aliado para lograr desbaratar el maquiavélico programa de destrucción llevado a cabo por los hombres del gobierno del ’55, del ’76 y del ’92.
Esto nos hace pensar que por este medio y contando con la constancia, la entereza y la inteligencia de los argentinos de los más alejados lugares del país, se podrán educar, relacionarse, estar al tanto de todos los acontecimientos del país y del mundo, y pondrán en funcionamiento lo que siempre distinguió a los argentinos: la inmensa capacidad de superar todos los obstáculos.
El hecho es que las comunicaciones han determinado que ni las distancias ni los impedimentos
humanos o de la naturaleza puedan interrumpir la preparación de un ciudadano, lo nos hace esperar que entre ellos surja ese estadista que logre materializar la idea de nación que tanto necesitamos.
Pero el tiempo no espera y en todas partes los signos de la Era de las comunicaciones se afianzan con más fuerza, y la subyugante w.w.w. y la generosa @ del correo electrónico surcan no sólo el país sino el planeta entero, acercándonos aún más a toda la humanidad, sin dejar de tener en cuenta el peligro de ser absorbidos por otros países más alertados, dentro de esta Aldea Global dominada por el signo económico.
Sin embargo, la oportunidad está dada para que la Era de las comunicaciones pueda ser una vía más que nos conduzca satisfactoriamente por los intrincados caminos de la cultura argentina.
Rosario, 2008

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Martes 19 de Septiembre de 2017

 

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