Tercer Milenio en la Cultura

Es una publicación de la "Asocación Tercer Milenio"

Una mirada a la cultura desde las perspectivas de este milenio

Ensayos

Germán, el poeta

 

por Nilda Correas de Vasconi

 

Versión para No Videntes    

 

 

Toda la Quebrada sublima belleza. También los cerros, las poblaciones y sus pobladores que la habitan en ambos costados del camino. Junto a ese colorido que la enmarca se muestra en el secreto de un día de sol radiante o en la noche serena que la envuelve en un negro de total silencio.
Y en ese misterio ancestral que subyace y aflora para no caer en el olvido, la Quebrada de Humahuaca, plantada en su geografía, tiene vida: la que le dan los lugareños que la habitan en su diario trajinar y que aflora en la reserva de quienes la habitaron.
En ese puñado de ensueño sobresale Tilcara, población mágica y con historia. Su Pucara, visible desde el camino, invita a recorrerlo para sentir en el aire que los antiguos que la habitaron están presentes junto a los cardones milenarios, para guardar ese lugar como fieles carceleros.
Allí, en un día de sol o en la noche de luna entera cuando el perro lobo la habita hasta el amanecer; o en una mañana diáfana y sin viento, o también un atardecer triste y agrisado, nació un niño, muy pequeño y con destino. Un niño que en su primer llanto, sintió que ese sería su terruño encantado, su suelo lleno de color, su tierra a la que amó hasta la muerte. Esa tierra lo enamoró apenas sus ojos percibieron todo lo bello que lo rodeaba y luego, mientras aprendía las primera letras, sus manos inquietas pudieron dibujar con palabras la total pasión que iba surgiendo en su amplio corazón.
Ese niño fue creciendo y en su vida breve lo pasó volcando sus alabanzas en los poemas que escribía para ese su mundo, para sus hombres, para todo lo que lo envolvía. Y fue y sigue siendo, sin lugar a dudas, el poeta de Tilcara, que cantó sus endechas sin olvidar ni siquiera la piedra pequeña que lo hizo caer cuando daba sus primeros pasos.
Ese poeta se llamó: Germán Walter Choquevilca.
Su vida de maestro alternaba con el cultivo de la finca; y eran sus alumnos quienes lo aguardaban con impaciencia en la escuelita para aprender sus primeras letras sintiendo la palabra del maestro que con amor enseñaba.
Y era Germán que esperaba impaciente para acabar la tarea escolar y así llenar papeles y papeles con las voces que se agolpaban en su alma y que necesitaba derramar en frases y más frases para sentir con alegría ese canto que brotaba de su espíritu inquieto.
En los años juveniles, alternaba momentos en que papel y lápiz en mano, en algún lugar de su querida Tilcara, hilvanaba frases y palabras, con las que el bardo le cantaba a su amada tierra; luego eran las salidas con amigos que, infaltables, se reunían en la cita obligada alrededor de una mesa o para cumplir con la visita de alguna moza que lo esperaba. Y Germán no se desprendía de sus poemas. No dejaba escapar ocasión para mostrar su sentimiento y cantar su amor a todo. Fue un cultor de la belleza y supo transmitirla.
No llamaba la atención verlo sentado en algún umbral de una casa, escribiendo lo que su espíritu lleno de luz y belleza sacaba de su rico interior. Y así su alma contemplaba y surgían junto a la paz de esa tierra, los cantos, los ritmos y las armonías que rompían un silencio lleno de poesía.
Germán soñaba y las palabras parecían bailar en el aire oscuro de una noche sin estrellas o en la tarde transparente mientras la lluvia caía mansamente regando los plantíos. Germán las tomaba del aire y las apretaba fuertemente en el puño para sentirlas y llevárselas muy adentro. Entonces, con su interior lleno de términos armaba frases, símbolos, colores, imágenes, dando soltura a ese su tesoro que volcaba en ricas expresiones.
Entre todos sus cantos rescato las estrofas finales del poema a su río Huasamayo:
Oh, mi río de piedras y de espuma
hijo de la tempestad y del relámpago,
lloro por vos cuando me encuentro lejos,
cuando te nombro, hermano Huasamayo.
También le cantó a su propia sombra:
¿Tú vendrás conmigo cuando ya me haya ido?
¿O quedarás marchita a cuidar estos versos
que no tienen siquiera un buen destinatario
ni son, como otros días un íntimo secreto?
A la noche:
Vino la noche y entró por mi ventana
se detuvo en los cuadros y en los huecos vacíos
desenterró los sueños de todos los rincones
y su cuerpo de sombra se acomodó conmigo.
Y como en un puñado mágico de palabras que sobraban en su haber, un día, solo y meditando, se preguntó: “El poeta ¿nace o se hace?”
Y en un extenso poema, Germán cavilaba:
…”¿Por qué seguir pensando en lo de anoche y averiguar lo que es la poesía?”… “¿Hay que ser erudito para amarla?”…”¿Hay que leer tratados cada día?” …”¿Son poetas los niños que sollozan?” …” ¿Son poetas los jóvenes que ríen? …”¿Es poeta la madre que mendiga, el labriego, el empleado, el que delinque…?”
“…¿Quién es poeta al fin de este balance?
¿Somos todos o algunos infelices
que por no tener en qué ocuparnos
nos bebemos el vino en sus raíces?
Vosotros que sois jueces para todo,
¿quién es poeta? ¡Por favor, decidme!”
Siguen las preguntas en ese ir y venir de íntimos encuentros entre el poeta y Germán, entre su ser más íntimo y el amor. omega replica watches, rolex replica


Sus poemas destilan un corazón ardiente que lo quema y lo asfixia. Y en cada uno de ellos, ese amor ardiente no es más que un espíritu agitado que atrapa cada palabra para expresar la belleza sublime que brota de su alma.


Y luego de una vida desordenada, Germán enfermó para morir. Y junto con él quedaron dormidos su amor y sus palabras. Dejó la Tilcara a la que tanto amó, un 21 de diciembre, cuando el verano asomaba con distintos verdes y el sol ponía aun más color iluminando los cerros encantados que la rodean. El agua mansa comenzó a caer para regar los sembrados y para que su río Huasamayo bajara cantarino desde lo alto.
El poeta de Tilcara ha muerto. Germán Choquevilca silenció su pluma. Se fue camino a la tierra de donde vino. Porque la Pachamama que le dio la vida ahora lo cobija en su seno. Pero en el sereno espacio donde vive su alma, el Churqui, como todos lo nombraban, seguirá buscando palabras para llenar el infinito.
Rosario, 2008

 

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Viernes 24 de Noviembre de 2017

 

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