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AYER NOS ENCONTRAMOS

por Carlota Macchiavelli

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Ayer nos encontramos con los ojos más viejos, las manos más cansadas, la mirada distraída, con las explicaciones a flor de los labios, como si justificarnos fuera la consigna. Me apenó tu vejez, tu entrega, tu abandono, el aspecto que acreditan tus años.
Más tarde me detuve ante el espejo para espiarme, lo consulté sin indulgencia, sin embargo no encuentro ni mis manos, ni mi mirada tan apagadas como se han vuelto las tuyas.
Cuando te vi, no lo podía creer, ¿qué quedaba del joven chispeante que habías sido?
Una vejez triste y culpable se te había venido encima. Tenías en la boca la justificación de lo injustificable y lo sabías porque nos habías dañado mucho, a mí y a nuestros hijos.
Se puede simular, seguir adelante, auto-convencerse, pero el alma pesa y llega un momento que no se puede disimular.
Yo estaba un poco confundida, creí que habías sido muy feliz, ahora me doy cuenta de que todo había sido un espejismo, un día diste la vuelta en alguna esquina y te encontraste cara a cara contigo mismo.
Me miro nuevamente al espejo y me parece ver mi propia conciencia, me miro sin clemencia, pero me siento muy tranquila.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------Dos señoras mayores bajan de sus bicicletas, muy bien vestidas pero con pantalones y sus bolsos de compras. Luego de dejarlas estacionadas frente la coqueta Boulangerie de la peatonal de Niza, entran para hacer sus compras, detrás de ellas entra un hombre con sombrero ruso de piel y una ristra de ajos en su mano derecha. Tanto las damas como el rústico señor compran sus pasteles preferidos y salen a comérselo allí mismo, en la calle. Esto ocurría cuando acá en nuestro país, aún no habían llegado las comidas rápidas y, comer algo en la calle parecía un sacrilegio.
Mucho peor nos pareció a los anticuados habitantes del fin del mudo, que aún ostentábamos nuestra cultura de almidonada de camisas blancas y trajes negros, de medias de seda con zapatos y cartera haciendo juego, de mallas enterizas cubiertas con una recatada salidas de baño; cuando vimos descolgarse de la bella costanera a dos jóvenes bañistas que desafiando el frio se metieron en el increíblemente azul Mediterráneo, tan desnudos como Dios los trajo al mundo. No se imaginan el trabajo que les dio volver a meterse en sus ajustados pantalones, mojados como estaban.
Niza es increíble, no caben dudas, con su elegancia, sus bellas y muy coquetas mujeres, que pueden abandonar el estilo para comerse un croissant al pie de sus bicicletas, junto a un inmigrante ruso de rústica apariencia.
Viajar es conocer la gente es descubrir ¡cómo de alejados estamos del mundo!, de la tradicional Europa, del bello y legendario oriente, de los pueblos de América.
Qué es lo que nos pasa que siempre marchamos a destiempo. Ayer nomás estábamos creyéndonos omnipotentes y hoy no sabemos ni lo que somos ni lo que queremos.




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Martes 19 de Septiembre de 2017

 

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